Críticas

Rehearsals for a Revolution: el documental que mezcla lo personal y lo político con resultados desiguales

La cineasta iraní Pegah Ahangarani filtra la historia reciente de Irán a través de los recuerdos de su familia en un documental que brilla en sus capítulos más íntimos pero tropieza al abordar la ética de mostrar las protestas de 2026.

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Álbum de fotos familiar abierto con un hueco rectangular vacío donde falta una foto
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El documental Rehearsals for a Revolution, de la directora iraní Pegah Ahangarani, se estrenó en el AFI Fest 2026 y llegará a salas el 8 de enero tras su corrida calificadora de diciembre. La película se inscribe de lleno en la tradición del documental-memoria personal, pero en este caso filtra la historia reciente de Irán a través de los recuerdos más cercanos de la propia cineasta y su familia.

Arranca con el padre de Ahangarani, un combatiente de la revolución que termina profundamente desencantado con el poder una vez que este se consolida. La narración de la directora está teñida por la mirada de la niña que era entonces: lo describe como un soldado legendario, repite cuánto lo admiraba y llega a contar que, según la leyenda familiar, Saddam Hussein le habría ofrecido a Irán equipamiento militar de primer nivel solo por él. Ahangarani no se mete a desarmar el mito; deja que el espectador decida. Es el tramo más potente del film, construido con la misma soltura que su anterior corto sobre su padre.

Los capítulos siguientes no alcanzan esa altura. La historia de una maestra que idolatraba resulta atractiva pero se siente desconectada del resto. Después aparece la madre, una reconocida directora de cine que le dio a Pegah acceso a sets y actuación desde chica. Más adelante, la cineasta rompe la cuarta pared para explicar por qué dudaba en incluir un segmento sobre su tío Rashid: apenas contaba con tres fotos y 22 segundos de Súper 8. Esa honestidad sobre las limitaciones del material es uno de los momentos más interesantes, porque el film mismo se convierte en tema.

Ahí es donde Rehearsals for a Revolution saca provecho de su textura. El sonido de las cintas VHS, el zumbido de los proyectores y el grano de las imágenes antiguas les dan una presencia física casi tangible. Un freeze-frame del padre que jura haber cruzado miradas con Jomeini en un desfile es tan borroso que ni confirma ni desmiente la anécdota: puro cine.

Cuando la película se acerca al presente, el registro cambia. El material de iPhone de las protestas de principios de 2026 tiene un brillo digital frío que contrasta con la memoria elusiva de los capítulos anteriores y vuelve todo más urgente, menos poético.

El tramo final es el más complicado. Ahangarani aparece frente a una pantalla en blanco de Adobe Premiere, dudando si debe mostrar las imágenes de las protestas que dejaron miles de muertos. Habla de la culpa de haber abandonado Irán años atrás y reflexiona sobre los límites éticos de filmar una masacre. Muestra thumbnails borrosos, algún plano brevísimo de bolsas mortuorias, pero nunca se detiene. El film cita el debate clásico (Lanzmann, Didi-Huberman) y un texto en pantalla menciona una cifra de 6.000 fallecidos, admitiendo lo difícil que es verificarla bajo un régimen totalitario. También alude al ataque conjunto estadounidense-israelí contra Irán en 2026, aunque no se detiene a explorar la posible relación entre ambos hechos.

Rehearsals for a Revolution forma parte de una ola actual de cineastas que cuestionan las herramientas mismas del documental (junto a You Can See Everything y Possible Love). Funciona mejor cuando deja que la historia de Irán pase por el filtro familiar y se vuelve menos convincente cuando el centro pasa a ser la propia culpa y los dilemas de la directora.

El oficio está ahí, la honestidad también, pero el equilibrio entre lo íntimo y lo político queda, como promete el título de la crítica original, complicado. Para quienes siguen el cine iraní contemporáneo y las discusiones sobre ética documental, vale la pena verla cuando llegue a salas en enero.

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