Críticas

Detrás de las cámaras de Treasure Island: amistad, crueldad y piratas de carne y hueso

David Oyelowo revela los desafíos físicos y emocionales de interpretar a Long John Silver en la adaptación de 2026, y cómo 20 años de amistad con Hayley Atwell complicaron las escenas más duras.

Publicado el

Cámara de cine sobre trípode en un set de rodaje
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Cuando David Oyelowo decidió encarnar a Long John Silver en la nueva adaptación televisiva de Treasure Island, sabía que no iba a ser un trabajo liviano. Lo que no imaginaba era que el rol le dejaría huella física por dos meses después de terminar el rodaje.

En conversación con Collider, el actor británico contó los detalles más duros de la producción del 2026: desde la transformación corporal extrema hasta los sets construidos a escala real que exigían un compromiso total. Junto a él, Hayley Atwell, que interpreta a Bess Hawkins, aporta su mirada sobre cómo la larga amistad entre ambos hizo más difícil rodar las escenas de crueldad y traición que exige la historia.

“Después de 20 años de amistad, tener que ser cruel con Hayley fue mucho más complicado de lo que esperaba”, confiesa Oyelowo. Esa cercanía personal terminó siendo un obstáculo inesperado a la hora de construir la relación tensa y manipuladora entre sus personajes. La química que surge naturalmente entre ellos tuvo que ser torcida para servir a la narrativa de piratas, mentiras y ambición desmedida.

La producción apostó fuerte por efectos prácticos en vez de depender exclusivamente de lo digital. Eso significó para Oyelowo meses de preparación física, prótesis, movimiento con muletas y una cojera que se volvió parte de su vida cotidiana durante el rodaje. El actor cuenta que, una vez finalizado el proyecto, necesitó casi ocho semanas para recuperar su cuerpo y volver a la normalidad.

Los sets también jugaron un rol protagónico. En lugar de fondos verdes y pantallas, el equipo construyó barcos, tabernas y paisajes que permitieran a los actores habitar verdaderamente el mundo de la novela de Stevenson. Esa decisión elevó el nivel de exigencia pero también la autenticidad: cada paso en cubierta, cada pelea y cada mirada se sentía real.

Atwell y Oyelowo coinciden en que el mayor desafío no fue solo el físico, sino lograr que la complejidad moral de los personajes no se perdiera en medio del espectáculo de piratas. Long John Silver no es un villano unidimensional, y Bess Hawkins tampoco es la heroína perfecta. La serie parece decidida a explorar esas zonas grises con la misma intensidad que sus escenas de acción.

La adaptación llega en un momento en que las versiones clásicas conviven con lecturas más oscuras y adultas del material original. Con un elenco de peso y una apuesta visible por el detalle artesanal, Treasure Island promete ser una de las propuestas más ambiciosas del año en el género de aventuras.

Más allá de las anécdotas de rodaje, lo que queda claro es que el compromiso de Oyelowo no fue solo actoral: fue corporal, emocional y hasta ético. Convertirse en Silver le costó más que aprender un acento o memorizar líneas. Le costó literalmente el cuerpo y, por momentos, la amistad que tenía que traicionar frente a cámara. Ese costo, visible en cada relato del set, es lo que suele separar los trabajos que se olvidan de los que dejan marca.

← Volver al blog