Críticas

Being Heumann: un enfoque inusual para un crowd-pleaser triunfalista

La nueva película sobre la activista Judy Heumann sorprende en el BFI London Film Festival por su forma poco convencional de contar una historia inspiradora de lucha por los derechos de las personas con discapacidad.

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Latas metálicas de película apiladas con un rollo de celuloide
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

La nueva película de la directora Sian Heder, Being Heumann, se presentó en el BFI London Film Festival y dejó una impresión particular: es un relato triunfalista y orientado al gran público, pero con un enfoque narrativo que se sale de los carriles habituales del cine inspirador.

Heder, que viene de ganar el Oscar por CODA, vuelve a apostar por una historia de superación y derechos civiles, pero esta vez con una protagonista real: Judy Heumann, una de las figuras centrales del movimiento por la discapacidad en Estados Unidos. Lo que podría haber sido un biopic convencional se transforma en algo más interesante gracias a decisiones formales que evitan el sentimentalismo fácil y el esquema heroico previsible.

El film reconstruye la vida de Heumann, desde su infancia marcada por la polio hasta su rol clave en protestas como la ocupación del edificio federal de San Francisco en 1977, que llevó a la implementación de la Sección 504 de la Ley de Rehabilitación. Sin embargo, en lugar de limitarse a una narración lineal de logros, la película incorpora elementos que dialogan con el presente y cuestionan cómo se cuenta este tipo de historias hoy.

Lo más llamativo es que Being Heumann no busca solo emocionar: también reflexiona sobre el propio género del “crowd-pleaser”. Hay momentos en los que la película parece consciente de su propia estructura y de las expectativas del espectador, lo que genera un distanciamiento productivo. Eso la diferencia de otros filmes similares que apuestan todo al llanto catártico y al aplauso final.

La interpretación central, combinada con un uso inteligente del archivo y de la reconstrucción, consigue transmitir la tenacidad y el humor de Heumann sin caer en la hagiografía. El resultado es una película que, aunque apunta claramente a un público amplio, no subestima la inteligencia de quien la mira.

En un festival como el de Londres, donde abundan las propuestas más experimentales, Being Heumann se destaca justamente por hacer algo distinto dentro de un formato que suele ser predecible. No es revolucionaria, pero sí admira su voluntad de no repetir las fórmulas gastadas del cine inspirador contemporáneo.

Al final, uno sale del cine con la sensación de haber visto una historia necesaria contada de una manera que, sin traicionar su espíritu emotivo, se permite cuestionar sus propios mecanismos. Eso ya es bastante más de lo que suele ofrecer este tipo de cine.

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