Críticas

Palabra Mayor: una obra que desnuda cómo los chicos heredan y rompen con sus mandatos

La adaptación de Sosa Frende de "Cuidado que están los chicos" pone en escena a siete niños en un depósito y revela, con humor y crudeza, cómo la familia marca sus comportamientos. Una pieza emotiva y reflexiva que vale la entrada.

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Escenario iluminado y butacas vacías de un teatro municipal genérico.
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

La sala del Teatro Azúl se apaga y de repente estamos en el depósito de un edificio porteño. Allí, siete chicos se juntan a jugar sin adultos a la vista. Lo que empieza como un juego inocente se va transformando, escena tras escena, en un espejo incómodo de lo que cada uno vive en su casa.

La obra Palabra Mayor, dirigida y adaptada por Sosa Frende a partir de Cuidado que están los chicos, se estrenó con funciones los sábados a las 19 hasta el 21 de noviembre. Dura una hora justa y está producida por En13nas. El elenco, integrado por Lara Ciucio, Mateo Gilone, Fernando Higa, Eugenia Martinez, Guillermo Seijas, Sol Sidlin y Candela Valdettaro, entrega actuaciones precisas y naturales que sostienen la propuesta de principio a fin.

Cada niño encarna un arquetipo reconocible: la nena consentida que repite los prejuicios de clase de su madre, el varón que descarga en violencia los conflictos de pareja de sus padres, la hija de la encargada que siente la diferencia económica en cada juguete que no puede tener. Los mandatos familiares, las frases que los chicos escuchan en la mesa y callan, las presiones económicas y los silencios domésticos salen a la luz cuando los adultos no están. Y el resultado es tan divertido como perturbador.

Sosa Frende sabe equilibrar el humor con la reflexión. Hay risas genuinas, momentos de ternura y también estallidos que duelen. La puesta es sencilla pero efectiva: el depósito se transforma en un laboratorio donde se experimentan las identidades en formación. Los chicos no son víctimas ni héroes; son espejos. Y el público, tanto jóvenes como adultos, se reconoce en más de una actitud.

La frase de Sartre que abre esta crítica (“somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”) funciona como eje invisible de la obra. Cada personaje carga con el peso de su historia familiar pero, al mismo tiempo, busca un gesto propio, una palabra mayor que lo distinga. Esa tensión entre herencia y libertad es el corazón dramático de la pieza y lo que la vuelve universal.

Palabra Mayor no es solo una obra para llevar a los chicos. Es una obra para que los grandes vean a los chicos. Porque detrás de cada capricho, cada enojo o cada silencio hay un contexto que los explica. Y porque el teatro, cuando está bien hecho, no solo entretiene: abre los ojos.

Si tienen la oportunidad de ir este sábado, háganlo. Es una de esas funciones que se terminan y uno sigue pensando en el subte. Divertida, emotiva y honesta. Una gran pieza de teatro argentino actual.

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