Críticas

Pinocho sin cuerdas: la nueva adaptación de terror gore que se une al Twisted Childhood Universe

La última entrega del universo de clásicos infantiles convertidos en slasher de bajo presupuesto llega con un Pinocho que defiende a su amigo a golpe de hacha. Crítica de la película que estrena en 2026.

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Proyector de 35 mm con sus bobinas en una cabina de proyección
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

La sala se apagó y, por un segundo, el público que llenaba la función de medianoche pareció recordar que estaba viendo una versión de Pinocho. Pero esa sensación duró poco. Enseguida volvió la sangre, los gritos y la risa incómoda ante lo absurdo. Pinocho sin cuerdas es la nueva incorporación al Twisted Childhood Universe iniciado por Rhys Frake-Waterfield con Winnie the Pooh: Miel y sangre, y mantiene la receta: bajo presupuesto, efectos prácticos llamativos, guión que no se toma demasiado en serio y una dosis generosa de gore.

La historia arranca con Gepetto, aquí presentado como el abuelo de un niño llamado James, que decide crear un muñeco de madera inmortal para que acompañe a su nieto después de las pérdidas que sufrió. El Pinocho que nace es un amigo eterno, incondicional y, pronto, peligrosamente protector. Cuando James lo lleva al mundo real y el muñeco comienza a distinguir el bien del mal a su manera, el bullying que sufre el chico en la escuela se convierte en el disparador de una matanza sangrienta.

El filme se ríe de sí mismo en varios momentos, señalando lo ridículo de su propia premisa, aunque esa autoconciencia no termina de salvarlo. Los personajes del cuento original aparecen retorcidos en clave terrorífica: un Pepe el Grillo y un Hada Azul que poco tienen que ver con las versiones que recordamos de la infancia. El problema central es que, a diferencia de Winnie the Pooh, Peter Pan o Bambi —que no tenían un costado inherentemente oscuro—, el Pinocho de Collodi ya cargaba con una atmósfera algo siniestra y con la famosa aspiración de “ser un niño de verdad”. Ambas oportunidades narrativas se desperdician casi por completo.

Aquí el muñeco no aspira a nada parecido. La frase se menciona de pasada, casi como excusa para justificar las escenas de desmembramiento. El guión carece de sentido profundo y se sostiene en la pura sucesión de muertes creativas y efectos prácticos que, hay que reconocerlo, cumplen con creces para una producción de este calibre. Es, en definitiva, más una película de terror slasher con nombres prestados que una verdadera adaptación.

Como ocurría con Peter Pan: Pesadilla en la Tierra de Nunca Jamás de Scott Chambers, poco se puede rescatar más allá del divertimento culpable. Son cintas vacías, sangrientas y conscientes de su propia absurdidad. No pretenden ser otra cosa, y en eso cumplen. Pero si alguien esperaba que el potencial terrorífico natural del cuento de Pinocho fuera explotado con inteligencia, se va a llevar una decepción.

La película se estrena el 30 de octubre de 2026 y se suma a una franquicia que ya tiene su público fiel: aquellos que disfrutan ver cómo los personajes de su infancia son convertidos en asesinos sin mayores pretensiones artísticas. No es cine que vaya a pasar a la historia, pero tampoco promete eso. Solo promete sangre, risas nerviosas y la sensación de haber visto algo que, al día siguiente, cuesta explicar por qué se disfrutó.

Y acá está el detalle que nadie cuenta: lo popular, otra vez, llegó primero. El gusto por ver cómo se retuercen los cuentos de hadas ya tiene su nicho, y el Twisted Childhood Universe lo está explotando con eficiencia industrial. Dicho esto, seamos justos: no es una gran película, pero tampoco pretende serlo. Es puro entretenimiento gore de bajo presupuesto. ¿Vale la entrada o el alquiler? Depende de cuánto te divierta ver a Pinocho sin cuerdas haciendo de justiciero sangriento.

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