Críticas

Julia Loktev y My Undesirable Friends: Part II — Exile, más relevante cada día

La cineasta regresa tras 13 años con la segunda parte de su documental sobre periodistas rusos en el exilio. Hablamos de su visión de un cine que registra el deterioro de la libertad bajo Putin.

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Latas metálicas de película apiladas con un rollo de celuloide
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Cuando Julia Loktev estrenó The Loneliest Planet en 2011, nadie imaginaba que pasarían trece años hasta su siguiente largometraje. Ese silencio se convirtió en una rareza casi mítica del cine independiente. Hoy, en 2026, esa ausencia parece lejana porque My Undesirable Friends: Part I — Last Air in Moscow (2023) marcó un retorno contundente y urgente.

La segunda entrega, My Undesirable Friends: Part II — Exile, continúa el registro minucioso de un grupo de periodistas y activistas rusos que, después de la invasión a Ucrania, vieron cómo su trabajo se volvía imposible dentro de Rusia. Loktev los acompaña en el exilio, en ciudades europeas donde intentan reconstruir sus vidas y sus voces. El documental no es solo un retrato de personas desplazadas: es un testimonio de cómo la represión transforma el periodismo en un acto de resistencia cotidiana.

En conversación con The Film Stage, la directora explica que el material se volvió “more relevant every day”. Cada nueva medida del régimen de Putin, cada ley que silencia la disidencia, cada periodista que debe elegir entre callar o partir, confirma la necesidad de este registro. Loktev filma con una paciencia que roza lo obsesivo: no busca el golpe dramático sino la acumulación de detalles que revelan el costo emocional del exilio.

La película hereda la mirada precisa que ya se veía en su ópera prima The Loneliest Planet y en sus instalaciones de videoarte. Aquí esa precisión se pone al servicio de un cine de observación que evita la voz en off explicativa. Prefiere dejar que sean los propios protagonistas quienes, en conversaciones fragmentadas, en videollamadas interrumpidas o en silencios compartidos, vayan armando el mapa de una generación que ya no puede volver.

My Undesirable Friends: Part II — Exile llega en un momento en que el debate sobre el rol del documental político vuelve a estar en el centro. Mientras algunos cineastas optan por el activismo explícito, Loktev se mantiene en una zona más incómoda: registra sin juzgar de manera obvia, pero su mirada nunca es neutral. El resultado es un cine que duele precisamente porque se niega a convertir el exilio en espectáculo.

La trilogía en curso (se espera una tercera parte) funciona como un archivo vivo de un momento histórico. No es solo cine sobre Rusia: es cine sobre cómo cualquier sociedad puede, de un día para el otro, volver hostil el ejercicio de contar la verdad. Y en ese sentido, como señala la propia Loktev, se vuelve más relevante cada día.

Para los espectadores argentinos y latinoamericanos, el film también funciona como espejo lejano pero inquietante. En tiempos donde las libertades de prensa siguen siendo frágiles en varios países de la región, ver cómo un grupo de periodistas decide seguir trabajando desde el exilio obliga a preguntarse qué estaríamos dispuestos a perder para seguir contando historias.

My Undesirable Friends: Part II — Exile no es un documental fácil. Exige atención y tiempo. Pero justamente por eso, porque no entrega respuestas rápidas ni consuelos baratos, se instala como una de las obras más necesarias del cine documental reciente. Julia Loktev no volvió para recordarnos que sigue siendo una gran cineasta. Volvió para recordarnos que el cine, cuando se hace con rigor y paciencia, puede ser un arma contra el olvido.

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