Críticas

Venecia: Casey Affleck cuenta cuentos aburridos en Company

La nueva película del actor y director estadounidense decepciona en su estreno en el Festival de Venecia con una narrativa confusa y poco atractiva que oculta su giro principal pero no logra enganchar.

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Venecia: Casey Affleck cuenta cuentos aburridos en Company
The Film Stage

La nueva película de Casey Affleck, Company, llegó al Festival de Cine de Venecia con la expectativa de ver al actor y realizador explorando un terreno más ambicioso. Sin embargo, la crítica especializada la recibió con frialdad: se trata de un film que promete mucho pero entrega poco, un conjunto de cuentos altos y tediosos que se sostienen sobre un giro central que, una vez revelado, no compensa la falta de sustancia anterior.

Decir de qué trata realmente Company es arruinar su principal giro. No se trata de un musical de Sondheim, eso sí puedo adelantarlo. Fuera del escenario y la estructura elegida, poco más se puede revelar sobre la trama sin estropear la experiencia. La historia se desarrolla a lo largo de varias generaciones de estadounidenses que terminan siendo visitantes en un lugar que funciona como eje narrativo. Pero más allá de esa premisa, el filme se diluye en anécdotas dispersas y diálogos que pretenden ser profundos pero caen en la pretensión.

Affleck, que además de protagonizar dirige y coescribe, parece obsesionado con la idea de jugar con la forma y con la expectativa del espectador. El problema es que ese juego se siente vacío. Las “tall tales” (cuentos exagerados) que promete el título se vuelven literalmente aburridas: largas secuencias que se estiran sin propósito claro, interpretaciones contenidas hasta el punto de la apatía y una dirección que no logra imprimir ritmo ni emoción.

La película se estrena en un contexto donde el cine independiente norteamericano busca renovarse, pero Company parece más un ejercicio de estilo que una obra terminada. Hay momentos en que uno siente que Affleck quiere decir algo sobre la familia, la memoria y la identidad americana, pero esos temas quedan sepultados bajo una narrativa fragmentada que confunde más de lo que ilumina.

En Venecia, donde se valoran las propuestas audaces, Company generó división: algunos vieron en ella una apuesta interesante por lo experimental, pero la mayoría coincidió en que el resultado es tedioso y autocomplaciente. El actor, que ya había demostrado sensibilidad como director en trabajos anteriores, no logra aquí conectar con el público ni con la crítica.

Al final, Company se siente como uno de esos cuentos que un tío cuenta en una reunión familiar: empieza con misterio, promete un gran final y termina dejando a todos mirando el reloj. Una lástima, porque el talento de Affleck es evidente; lo que faltó fue una historia que realmente mereciera ser contada.

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