Monster: The Lizzie Borden Story: un relato campy, frustrante y a ratos conmovedor
La nueva entrega de la antología de Ryan Murphy busca hablar de sexismo a través del célebre caso de Lizzie Borden, pero su ejecución irregular la vuelve una serie tan atractiva como fallida.
Ryan Murphy vuelve a la carga con su antología Monster y esta vez elige uno de los crímenes más famosos de la historia norteamericana: el caso de Lizzie Borden, la mujer acusada de matar a su padre y su madrastra a hachazos en 1892.
La premisa suena prometedora. Murphy y sus colaboradores suelen tener buen pulso para convertir hechos reales en narraciones cargadas de estilo, y aquí prometen un abordaje que pone el foco en el machismo de la época victoriana como motor de la tragedia. Pero el resultado es, como dice el título de esta nota, campy, frustrante y solo de vez en cuando conmovedor.
La serie se mueve entre el melodrama gótico, el musical extraño y el retrato de época con toques de comedia negra. Hay momentos en los que esa mezcla funciona y logra transmitir la asfixia que vivía Lizzie en una casa donde era tratada como una niña eterna y una propiedad. La actuación central consigue transmitir esa mezcla de rabia contenida y fragilidad que hace creíble el estallido. Sin embargo, el guión se pierde en subtramas que no cierran, giros que parecen puestos para sorprender más que para iluminar y un tono que oscila sin control entre lo solemne y lo ridículo.
El gran problema es que la intención de hablar del sexismo queda diluida en un ejercicio de estilo que a ratos parece más preocupado por el vestuario, la iluminación y los números musicales que por sostener una tesis clara. Cuando la serie se toma en serio el peso emocional de la historia, logra escenas potentes que justifican la inversión de tiempo. Cuando se entrega al camp, el espectador se siente invitado a reírse de algo que el propio relato parece condenar. Esa contradicción es la que termina frustrando.
Aun así, Monster: The Lizzie Borden Story no es un fracaso total. Tiene una banda sonora que atrapa, momentos de verdadera belleza visual y una forma de retratar la hipocresía de la burguesía del siglo XIX que sigue siendo vigente. Es el tipo de serie que uno termina mirando con una mezcla de fascinación y fastidio, preguntándose qué hubiera pasado si el equipo se hubiera decidido por una sola dirección y la hubiera seguido hasta el final.
Para los fans de la antología de Murphy, es material conocido: exceso, belleza, fallas y chispazos de genialidad. Para quienes se acercan por primera vez al caso Borden, puede resultar una introducción entretenida aunque poco confiable desde el punto de vista histórico. Al final, la pregunta que queda flotando es la misma que se hace la serie: ¿qué hace una mujer cuando todo el sistema está diseñado para que no pueda respirar? Lamentablemente, la respuesta que ofrece no siempre está a la altura de la pregunta.